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jueves, 3 de mayo de 2007

Chile. Dinosaurios

Vas conduciendo por el desierto y, después de varias horas sin atisbar nada más que arena y más arena, te encuentras con esto de sopetón:

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Giganotosaurus carolinii. A estas alturas no nos va a dar miedo un pequeño dinosaurio.

Vamos, no me digas que no te quedas flipado. Y más alucinas cuando te enteras de que hace unos 100 millones de años este reseco desierto, en el que todavía no se habían formado los Andes, estaba cubierto por mares, lagunas de agua dulce y bosques tropicales.
Este hábitat era el ideal para la existencia del Giganotosaurus Carolinii, bautizado así en honor del paleontólogo aficionado que lo descubrió en 1993. Un tipo afortunado, sin duda. Más que nada porque cuando encontró al dinosaurio, ya no estaba vivo (el dinosaurio).
El Giganotosaurus Carolinii era todavía más grande y pesado que el Tiranosaurus Rex, lo que le convierte en la más terrible máquina de matar que ha existido a lo largo de la historia.
Peso: unas 8 toneladas. Como 6 coches medianos.
Tamaño: unos 15 metros
Desde el suelo a la cabeza: 5 metros
Longitud del cráneo: 1,80 metros

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Giganotosaurus carolinii.

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Estegosaurio.

De propina, y para no amedrentarse ante bichos tan grandes, el cuento más pequeño entre los pequeños:
"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."
Augusto Monterroso

lunes, 30 de abril de 2007

Argentina. Simbiosis en El Calafate

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En El Calafate, como en casi todas las ciudades argentinas, los perros campan a sus anchas por las calles. No es que les aten con longanizas precisamente, por lo que tienen que buscarse la vida como buenamente pueden. Pero lo que distingue a estos perros de los de otros pueblos del país es que muchos de ellos se mueven en parejas, como si hubiesen encontrado un próspero acuerdo de colaboración. Así, a cada perro grande le suele acompañar uno pequeño. El grande pone la fuerza, y el pequeño la inteligencia.

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lunes, 2 de abril de 2007

Chile. Tomando el fresco

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Pozo Almonte , desierto de Atacama.

- Mira esos dos, qué pinta de guiris tienen.
- Es verdad. Ve a morderles el culo.
- Paso, que estoy aquí muy cómodo.

jueves, 29 de marzo de 2007

Chile. Operación salvar a Leíto.

Nos encontramos en San Pedro de Atacama (Chile), pueblo de unos 5.000 habitantes que ellos mismos denominan como San “Perro” de Atacama, por la abundancia de perros que, literalmente, inundan sus calles. Algunos tienen dueño, pero otros muchos dependen de la caridad de los ciudadanos que los alimentan.

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San Perro de Atacama

Estábamos Pilarín y yo tomando la fresca en un banco de la plaza del pueblo cuando de entre unos arbustos emergió un famélico bichito negro, de unos cinco meses, orejas largas, pelo con chicles pegados, sucio a más no poder y costillas tristemente marcadas. El perrito, a quien decidimos llamar Leíto en honor a su primo que se quedó en España, estaba a punto de dar su último aliento. Con su último hilillo de fuerza se acercó a nosotros, meneó el rabo como una hélice y nos miró con cara de sufrimiento. Sabía con quién debía jugar su última baza.

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Leíto

Podríamos haberlo considerado uno más de los perros con heridas de todo tipo que hemos visto hasta ahora, pero quizá porque ninguno de ellos parecía que fuera a morirse de un momento a otro, éste consiguió enternecernos más de lo habitual (que no es poco). Así que decidimos ponernos manos a la obra e intentar salvarle en el último momento.

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Le llevamos al veterinario, que le puso cinco inyecciones seguidas y le limpió un poco las heridas de la nariz. Le compramos algunas medicinas que toma desde ayer, y parece que está remontando el vuelo. Ya consigue levantarse del suelo, e incluso intenta jugar, aunque la energía no le da para mucho todavía.
No queríamos que la salvación de Leíto nos dejara en bancarrota, así que intentamos movilizar un poco las conciencias de la gente del pueblo: el veterinario nos regaló las medicinas y nos hizo un descuento en la consulta, el farmacéutico también nos hizo un descuento en el resto de las medicinas, una chica nos regaló comida, y una santa señora ha acogido al perrito hasta que aparezca un dueño… junto con los otros 20 perros a los que ha dado cobijo!!
No es la única persona que hemos encontrado en el pueblo que da sustento a 20 perros o 20 gatos… el problema de los perros callejeros es muy grave en este pueblo.

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Gracias, Elisa, por habernos ayudado.

Pero faltaba por resolver el último escollo: Leíto necesitaba un dueño. Así que nos liamos la manta a la cabeza e hicimos un par de carteles en inglés y español, pidiendo un dueño y dinero para medicinas y alimento. Nos sentamos en la arena de la calle principal del pueblo, con Leíto en nuestro regazo, los carteles en el suelo, y unas velas que nos regalaron en el restaurante La Estaka. Incluso un niño nos ayudaba soplando en dirección contraria para que el viento no apagara nuestras velas.

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Campaña de recogida de donativos

La gente sintió mucha curiosidad; unos nos dieron dinero, otros ni nos miraron, otros nos miraron como a locos y otros, pese a no darnos dinero, nos dieron todo su apoyo.
Al final de la noche conseguimos suficiente dinero para pagarle las medicinas y comprarle alimento para que la señora que le ha cuidado estos días, al menos no tenga que poner nada de su bolsillo.

Fue muy interesante estar “al otro lado” de la calle, pidiendo “una limosnita” y observando cómo reacciona la gente. Para nosotros fue divertido, porque sólo se trataba de un día. Pero ganarse la vida así no debe de ser cómodo precisamente.

Ahora el perrito es famoso en el pueblo. La gente nos para y nos pregunta cómo está y si le hemos encontrado dueño. Muchos nos agradecen lo que hemos hecho, lo cual nos llena de emoción. Nos ha dejado realmente sorprendidos la facilidad que tienen los chilenos para ser agradecidos y dedicarte unas palabras de ánimo y apoyo. Definitivamente, tienen un don para expresar su empatía y agradecimiento.

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Última hora: al final… LEÍTO HA ENCONTRADO UN DUEÑO!!!

jueves, 22 de febrero de 2007

Japón. Los ciervos de Nara

Nara fue la primera ciudad que visitamos en Japón. Llegamos por la noche, y nos llevamos un buen susto al ver a un enorme ciervo en medio de una calle.
Resulta que allí los ciervos se consideran sagrados. Es por ello que pasean por las calles sin ser molestados. En los jardines Nara-Koen hay unos 1.200, a los que la gente da de comer cuando se acercan como perrillos falderos.

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domingo, 11 de febrero de 2007

Camboya. Monos en Angkor

Los templos de Angkor están plagados de turistas. Es más, si no te andas fino y eliges bien dónde vas y a qué hora, puedes verte envuelto en algo más parecido a una romería que a esas imágenes de Indiana Jones que siempre has tenido en tu ideario más aventurero.

He aquí una prueba: billones de personas se apelotonan para ver el atardecer desde el templo de Phnom Bakheng.

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Por suerte también es posible encontrar sitios más apacibles y relajados. Cuando caía la tarde y andábamos dando vueltas alrededor de uno de esos cientos de templos menos conocidos, que no atraen la atención de casi nadie, apereció un grupo de monos que actuaban como si no les importáramos un pimiento. Estuvieron un buen rato despiojándose y jugando entre ellos, hasta que llegó un perro corriendo y la situación se puso un poco tensa. Al final el perro, un poco asustado por las amenazas de los monos, se fue a jugar con otro perro.

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Estar tomando fotos a menos de un metro de un animal salvaje, sin saber si en un momento dado saltará encima tuyo y te morderá, o querrá quitarte la cámara de fotos... menudo subidón de adrenalina!.

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Más monos: Lopburi (Tailandia)

viernes, 5 de enero de 2007

Animalario

Durante los meses que llevamos de viaje nos hemos cruzado con unos cuantos bichitos que, acostumbrados a la domesticada España, nos han dejado recuerdos inolvidables.


En Australia estuvimos en las (para nuestra sorpresa) gélidas aguas del arrecife Nigaloo. Allí nadamos junto a unas simpáticas tortugas y vimos todo tipo de peces de colores, aunque no encontramos a Nemo.



En Coral Bay teníamos intención de nadar junto al tiburón ballena, pero por desgracia ya había pasado la época en la que esos colosos nadan en aquellas aguas. A cambio, pude nadar tras las MANTARRAYAS. El bichito es tan inmenso que primero lo localizan con un avión, y luego un barco se dirige hacia el lugar donde fue avistado. Las mantarrayas llegan a medir 7 metros de envergadura y pesan hasta 1400 kilos. Se alimentan de plancton y, debido a su tamaño y la dureza de su piel, prácticamente no tienen enemigos naturales. Debido a mi poca pericia con las aletas de snorkel, y a que había una fuerte corriente, no pude resistir mucho tiempo el perezoso (para ella) ritmo de la mantarraya, así que tras un rato maravillado con su ballet acuático, me quedé atrás. En ese momento pasó por debajo mío un TIBURÓN de unos dos metros. También le seguí durante un par de minutos, pero este corría más todavía, así que pronto le perdí de vista.

En la Polinesia estuve nadando entre 10 o 12 RAYAS de aguijón (stingray). Estas además de ser de una familia distinta (pertenecen a la familia de los tiburones) a la de las mantarrayas, son más pequeñas y mucho más peligrosas. Suelen esconderse bajo la tierra en aguas poco produndas, y si se sienten atacadas pueden utilizar su cola a modo de látigo para incrustar un aguijón venenoso que puede llegar a ser mortífero. Estas rayas son las mismas que el día de nuestra llegada a Australia mataron a Steve Irwin, un auténtico mito en el país.
Por suerte, no suelen utilizar esta defensa salvo que se sientan muy amenazadas... es usual que la gente las de comida, y ellas se apelotonan alrededor mansamente. Yo no me acerqué a más de un metro porque estaba sólo y me daba mal rollito que pasara algo, pero fue más que suficiente para que no lo olvide en la vida.


En el Oeste de Australia, a la altura del cabo Naturaliste divisamos a varias ballenas Humpback en su migración hacia el Ártico. Daban constantes saltos acrobáticos fuera del agua. Estas ballenas son las más saltarinas de todas, y tanto sus acrobacias como el estruendo de sus inmensos cuerpos de 16 metros chocando contra el agua, que se podía oír desde varios kilómetros de distancia, es uno de los espectáculos de la naturaleza que más anonadados nos han dejado.

En Monkey Mia los defines de nariz de botella acuden todos los días desde el océano para que los rangers les den comida. Pese a que viven en libertad, no suelen faltar a su cita. Es apasionante ver cómo los sonrientes delfines nadan delante de tus tobillos!



En Monkey Mia también había muchos pelícanos.





Tanto en Western Australia como en Nueva Zelanda es bastante común encontrar granjas con ciervos y alpacas.





Cuando conduces por el Oeste de Australia, hay que ir siempre con mucha atención, puesto que no es nada extraño que se te cruce un inmenso canguro por delante. Nosotros estuvimos a punto de atropellar a un par de ellos.

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Nuestros tropiezos con serpientes no han tenido malas consecuencias, por suerte. Un día en Chiang Mai, cuando pasábamos por delante de un pequeño árbol, una serpiente de un metro pasó volando por delante de mis narices y cayó a mis pies. Afortunadamente no le apeteció morderme y salió disparada a esconderse tras un arbusto.
En Australia nos cruzamos con una serpiente en medio del camino, pero ignorábamos si era venenosa. Igual nos pasó en Birmania al ir a ver a las tribus de las montañas, cuando nuestro guía se pasó todo el camino de vuelta atemorizado pensando que una serpiente que pasó al lado de su pie le había mordido.
También en Australia estuvimos en una finca cuyo proyecto era la recuperación de la pitón, que está en peligro de extinción en la zona.



En la isla Rottnest nos sorpendimos con unos simpatiquísimos marsupiales: los quokkas.
En la selva de Tailandia padecimos a las sanguijuelas y vimos monos y cocodrilos.
También vimos monos en Camboya y en otras zonas de Tailandia, como Lopburi y Krabi.
La mariposa más grande que hayamos contemplado en nuestra vida la encontramos en Nannup.
Las arañas, como las cucarachas, las encontramos en multitud de lugares.



Aunque no hemos estado en África, hemos visto ñandúes en Chile, y emúes en Australia, que son clavaditos a los avestruces.

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Nuestro bichito favorito: el diablo cornudo (Thorny Devil) que sale a recalentarse en el asfalto de las carreteras al atardecer.



Vimos al cóndor sobrevolar nuestras cabezas durante cinco días en las Torres del Paine. También le vimos volando sobre el glaciar Spegazzini.



En Nueva Zelanda estuvimos a un paso del simpático Kea, el único loro alpino del mundo.



Por supuesto, hemos visto muchas vacas.



Y lo que más hemos visto: muchas ovejas, ovejas, ovejas, ovejas

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Anomalía en el sistema

Algo va mal en el sistema. Ayer soñé que iba al supermercado de El Corte Inglés y el cajero era Juan José Millás. Me miraba con cara de yogurt caducado y, aunque la tienda permanecía abierta, el decidía echar el cierre de su caja y largarse a casa... me tenía manía.

"Le grito al saltamontes que se aparte de mi teclado, pero no me oye. Quizá sea capaz de percibir el roce de una babosa sobre la hierba, pero no le llega mi voz, como a mí no me llega el ruido de su mandíbula al masticar."
Juan José Millás (Cuerpo y Prótesis).

Pues en eso andamos, a ver si aguzamos un poco el oído y conseguimos escuchar a algunos de esos hacia los que solemos hacer oídos sordos.

Linda mariposa peluda del tamaño de la palma de mi mano. Nannup, Australia.

jueves, 30 de noviembre de 2006

Diálogo

Diálogo en la habitación de nuestro alojamiento en la Polinesia. Las paredes son de papel de fumar y en la habitación de al lado hay dos chilenas que deben de estar escuhando toda la secuencia:

- (Sergio): hija de puta, te voy a matar!!!
- paf, paf, plas!!!
- (Pilar): nooooo, yo me quiero ir de aquí!!!
- plas, plas, crash
- (Sergio): de aquí no sales viva, si te pillo te mato!!!
- crash, plas, pam!!
- (Pilar): nooooo, yo no pienso dormir aquí!!!!

No fue un episodio de violencia doméstica, sino la rutinaria labor de matar cucarachas.


Una arañita comiéndose una cucaracha en una barca de Vietnam. Uno de los pasajeros estaba sentado debajo de la araña. Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta. De las cucarachas no ponemos foto porque no queremos verla ni en pintura. La foto está dedicada a Natalia, faltaría más.

lunes, 9 de octubre de 2006

Las ovejas de Australia

Australia es inmensa. Su superficie es prácticamente igual que la de Estados Unidos. Tiene una extensión equivalente a 15 veces España, pero con la mitad de población. Mientras España tiene una densidad de población de 77´5 hab/km2, Australia tiene sólo 2´44 hab/km2.
El país es el mayor exportador mundial de carne y lana de oveja (merina Española, por cierto). En sus inmensos ranchos, que ellos llaman "estaciones", pastan cerca de 100 millones de ovejas. Estos ranchos llegan a tener tales dimensiones que a veces tienen que recoger el ganado con avión. Para hacerse una idea: existe un rancho que tiene la superficie de Bélgica y Holanda juntas.
Estuvimos viendo una demostración de esquileo y vimos fascinados el modo de trabajo de los perros. Entre sólo dos de ellos se apañan para reunir a dos mil ovejas en un redil. Después, uno de ellos las empuja hacia un fondo más estrecho, por donde tienen que ir pasando una a una para que las esquilen y, lo más curioso, el otro se pasea sobre las espaldas de las ovejas, y las mantiene a raya para que sigan avanzando.



jueves, 13 de julio de 2006

Tailandia. Los monos de Lopburi

Lopburi es una ciudad de 57.000 habitantes con unas cuantas pagodas interesantes. Pero lo que realmente llama la atención es la población de monos que ha tomado el barrio antiguo. Se encuentran a cientos por todas partes, paseando por la calle, bañándose y tirándose a bomba en grandes pilas donde se refrescan, apostados delante de los escaparates, colgados de los cables de la luz…

Mientras intentaba hacerles fotos, varias veces treparon por encima de mi porque les llamaba la atención un llavero que colgaba de mi mochila. Da cosilla tener un mono salvaje subido en la chepa…